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¿Qué es DDT-Coopera al desarrollo en tu vida cotidiana? |
DDT - Coopera al desarrollo en tu vida cotidiana es una nueva forma de entender la solidaridad, la cooperación al desarrollo, y la creencia de que un mundo mejor y mas justo es posible.
Desde una perspectiva muy práctica, coherente y complementaria al trabajo que realizan muchas ONG para el desarrollo y movimientos sociales, pero sobretodo desde el convencimiento que las acciones cotidianas y masivas son las que pueden promover verdaderos cambios estructurales, el proyecto DDT – Coopera al desarrollo en tu vida cotidiana acerca el mundo académico a nuestro día a día facilitando información y promoviendo aquellas prácticas cotidianas y de consumo que pueden contribuir al desarrollo y a la construcción de un mundo más equitativo, más respetuoso con el medioambiente, y en el que todos los pueblos y ciudadanos y ciudadanas del mundo tengan opciones de desarrollo dignas.
El turismo, el comercio, la movilidad, los bancos, los tejidos o los medicamentos, entre otros, forman parte de nuestra vida cotidiana. Cada una de nuestras decisiones de consumo, desde las más pequeñas e insignificantes, incluso las que nos parecen más importantes, las realizamos en un marco que pocas veces conocemos, ni parece que podamos controlar demasiado. Grandes cadenas hoteleras, supermercados, ciudades cada vez más extensas.
Nuestra vida cotidiana está llena de acciones de consumo, que sumadas una a una, más las de mucha otra gente, acaban teniendo importantes consecuencias sociales, ambientales y culturales en todo el planeta. Gran cantidad de acciones y transacciones comerciales de nuestro día a día influyen directamente en los países del sur, por ejemplo, pero esta influencia puede ser positiva o negativa (si por positivo entendemos un repartimiento más equitativo de la riqueza entre el Norte y el Sur y la racionalización del uso de los recursos naturales, y viceversa).
En realidad, como consumidores y consumidoras a menudo podemos escoger entre distintas opciones que, como decíamos, pueden tener unas consecuencias u otras. Por eso no siempre es fácil, y en primer lugar necesitamos información. Pero si queremos apostar por una ciudadanía activa, consciente de sus actos, y con capacidad de cooperar al desarrollo e incidir para que nuestra sociedad sea más justa y sostenible, necesitamos entender qué implican nuestras decisiones de consumo más habituales.
¿Sabemos realmente qué piensan los trabajadores y las trabajadoras del hotel en el que nos hemos alojado durante las últimas vacaciones? ¿Estaban siempre contentos y por eso nos sonreían cuándo entrábamos en el restaurante del hotel?
¿Sabemos qué impacto tiene que cada vez haya más y más coches?
Piensa, por ejemplo, en la ropa que vistes… ¿vistes ropas sintéticas procedentes del petróleo y con tratamientos químicos, o vistes tejidos hechos de fibras naturales, como el algodón? … y en todo caso, ¿de dónde proviene este algodón? ¿Has pensado que toda la ropa de algodón que vistes puede venir de Europa, de los Estados Unidos o de Burkina Faso…? ¿Y sabes a quién pude beneficiar más la venta del algodón que lleva tu vestido o tu prenda?
O piensa en cada vez que tomas un café y en cada vez que tomas un refresco. ¿Dónde va a parar, al fin y al cabo, tu dinero? ¿A un campo de café de un país en vías de desarrollo, o a una industria de un país ya enriquecido y desarrollado? O piensa en las frutas y los zumos. Solo pensar que tomarse un buen zumo o un buen café es más saludable y a la vez contribuye al desarrollo de los países agrícolas que los producen, nos tendría que hacer pensar en cada vez que queremos tomar un refresco con componentes químicos. Y ahora, hablando del café… ¿y el café que nos tomamos en cada dia, de dónde proviene? ¿Quién lo ha producido? ¿Y el precio que pagamos por un paquete de este café, qué parte es la que le queda al productor?
Solo pensar, en el caso del café, por ejemplo, que una persona que gana 1.000€ al mes tome dos cafés al día de comercio justo, con los que se gasta unos 2€ (o 60€ mensuales), se está acercando con su renta personal destinada a cafés al compromiso de los gobiernos del Norte para hacer frente a la pobreza y cooperar al desarrollo con el Sur (más concretamente al 0,7% de Ayuda Oficial de Desarrollo que se ha prometido destinar en los países en desarrollo) nos tendría que hacer pensar en la potencia y el impacto del nuestro consumo cotidiano.
Todos estos ejemplos son los que muestran como nuestro cotidiano, y nuestra actitud más cotidiana frente al consumo, puede ser una herramienta de gran potencia y complementaria con otras acciones colectivas que trabajan por un mundo mejor.
También Depende De Ti.
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